





Queridos hermanos en el ministerio episcopal y sacerdotal;
queridos hermanos y hermanas:
Para mí este es un momento de alegría y de viva gratitud (…) en particular porque ahora, al final, he podido volver una vez más a la catedral de Freising. (…) Ahora que me encuentro en esta catedral, me vienen a la memoria muchos recuerdos al ver a antiguos compañeros y a jóvenes sacerdotes que transmiten el mensaje, la antorcha de la fe. Me vienen recuerdos de mi ordenación (…): cuando estaba yo postrado en tierra y en cierto modo envuelto por las letanías de todos los santos, por la intercesión de todos los santos, caí en la cuenta de que en este camino no estamos solos, sino que el gran ejército de los santos camina con nosotros, y los santos aún vivos, los fieles de hoy y de mañana, nos sostienen y nos acompañan. Luego vino el momento de la imposición de las manos... y, por último, cuando el cardenal Faulhaber nos dijo: "Iam non dico vos servos, sed amicos", "Ya no os llamo siervos, sino amigos", experimenté la ordenación sacerdotal como inserción en la comunidad de los amigos de Jesús, llamados a estar con él y a anunciar su mensaje.
(Jueves 14 de septiembre del 2006, Catedral de Santa María y San Corbiniano, Freising)

Así nos cuenta la experiencia de la Primera Misa, en el libro "Mi vida":
“El día de la primera Misa, fuimos acogidos en todas partes --también entre personas completamente desconocidas-- con una cordialidad que hasta aquel momento no me podría haber imaginado.
“Experimenté así, muy directamente, cuán grandes esperanzas ponían los hombres en sus relaciones con el sacerdote, cuánto esperaban su bendición, que viene de la fuerza del Sacramento. No se trataba de mi persona ni la de mi hermano: ¿qué podrían significar, por sí mismos, dos hermanos como nosotros, para tanta gente que encontrábamos? Veían en nosotros a unas personas a las que Cristo había confiado una tarea para llevar su presencia entre los hombres; así, justamente porque no éramos nosotros quienes estábamos en el centro, nacían tan rápidamente relaciones de amistad”.





Con la Eucaristía, dijo luego el Santo Padre, y "sin ilusiones, sin utopías ideológicas, nosotros caminamos por las calles del mundo, llevando dentro de nosotros el Cuerpo del Señor, como la Virgen María en el misterio de la Visitación".
El Papa concluyó recordando la promesa de Cristo "Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo" y dio gracias al Señor "por tu fidelidad, que sostiene nuestra esperanza. Quédate con nosotros, porque ya es tarde".
Fué particular el ejemplo que utilizó de los niños que necesitan aprender a expresar sus sentimientos, emociones y necesidades con palabras y actitudes propios de sus padres, lo mismo sucede en la oración de los Salmos: "Se nos dan para que nosotros aprendamos a dirigirnos a Dios, a comunicarnos con Él, a hablarle de nosotros con sus palabras, a encontrar un lenguaje para el encuentro con Dios. Y, a través de estas palabras, será posible también conocer y acoger los criterios de su actuación, acercarse al misterio de sus pensamientos y de sus caminos (cfr Is 55,8-9), y así crecer cada vez más en la fe y en el amor"