
sábado, 25 de febrero de 2012
LAS TENTACIONES DE JESUCRISTO

jueves, 23 de febrero de 2012
SEAN HUMILDES Y NO CEDAN A LAS OPINIONES DEL MUNDO
Al inicio de la Cuaresima, el Santo Padre acostumbra reunirse con el presbiterio de Roma para dirigirse paternalmente a los sacerdotes. Manifestó su alegria particular por ver a muchisimos sacerdotes que respondieron a esta invitación con el Santo Padre. A todos los sacerdotes presentes les difinió como "un fuerte ejercito de Dios". Que bonito gesto. Considerando el capitulo cuatro de la carta de San Pablo a los Efesios quiso exhortar y animar a todos los sacerdotes para renovar su fe y seguir prestando. con generosidad, el ministerio sacerdotal, como un verdadero servicio, el cual se debe vivir con mucha humildad, sin ceder a las opiniones del mundo. Y aunque lo que hagamos parezca un simple y pequeño servicio desapercibido ante los ojos del mundo, ante los ojos de Dios tiene muchisimo valor, y esto es lo que cuenta. Así que, les invito a sentirnos muy acompañados por la oración y el amor particular que el Santo Padre manifiesta a cada uno de nosotros en la Iglesia. Que nos dispongamos de lleno a vivir estos dias de Cuaresma.
A propósito de este encuentro, nuestro amigo, el P. Regino Magtzul, quien se encuentra en Madrid para culminar su especialización eclesiástica, se ha dejado venir y he podido saludarle luego de mis lecciones en el Agustinianum. Que alegria haberle saludado desde casi ya tres años. Bienvenido al P. Regino y ojala pueda, luego de recibir la Bendición del Santo Padre, seguir su peregrinación por la Ciudad Eterna.
miércoles, 22 de febrero de 2012
SALUDOS, DESDE ROMA HASTA ARGENTINA
lunes, 20 de febrero de 2012
INIZIAMOS LA CUARESMA 2012

Deceo para todos un fructuoso inicio de la Santa Cuaresima este próximo miércoles. Serán tantas uniciativas que se tendrán previstas durante este tiempo y que encausarán el deceo particular del Santo Padre en su mensaje para este tiempo: "prestemos atención los unos con los otros, para estimularnos en la caridad y en las obras buenas"(Heb 10,24). Si el ser humano necesita siempre estar en relación con su semejante, como no lo será entre los que llevamos el nombre de cristianos. Resalta el Papa "El gran mandamiento del amor al prójimo exige e invita la conciencia de tener una responsabilidad hacia quien, como yo, es criatura e hijo de Dios (...) La atención al otro supone decear para él o por él el bien, bajo todos los aspectos: fisico, moral y espiritual" (Cf. Mensaje para la cuaresima 2012, 3 de nov. 2011, n. 1.) Así que desde Roma encomiendo las diversas actividades de nuestra Diócesis, nuestras parroquias y las de todo el mundo. Nosotros tenemos previsto un dia de retiro parroquial con la feligresia, y esperemos sirva para renovar la vida de fe en muchos. Estamos muy ilusionados.
viernes, 17 de febrero de 2012
CURACION DEL PARALITICO

“Y he aquí que unos hombres que traían en una camilla un paralítico, buscaban introducirle y presentárselo, pero, no encontrando por dónde meterlo, a causa de la muchedumbre, subieron al terrado y por el techo le bajaron en la camilla y le pusieron en medio delante de Jesús”.
La curación de este paralítico no es común ni carece de sentido, puesto que nos dice que antes el Señor ha orado: no para ser ayudado, sino para ejemplo; pues Él nos ha dado un modelo para imitarlo, no ha recurrido a una actuación de menesteroso. Y como estaban allí reunidos los doctores de la Ley de Galilea, Judea y Jerusalén, entre otras curaciones de enfermos, se nos describe cómo fue curado este paralítico.
Ante todo, como ya lo hemos dicho, cada enfermo ha de recurrir a intercesores que piden para él la salud: gracias a ellos la osamenta dislocada de nuestra vida y la cojera de nuestras acciones serán restauradas por el remedio de la palabra celestial. Luego existen consejeros del alma que, no obstante la debilidad del cuerpo, elevan más alto el espíritu humano. Más aún, por su ministerio, de elevarse y abatirse, él será colocado ante Jesús, digno de ser visto por los ojos del Señor; pues el Señor mira la humildad: “Porque Él ha mirado la humildad de su esclava” (Lc 1,48).
Viendo su fe, dice. El Señor es grande: a causa de unos perdona a los otros, y mientras prueba a unos, a otros perdona sus faltas. ¿Por qué, ¡oh hombre!, tu compañero no puede nada en ti, mientras que ante el Señor su siervo tiene un título para intervenir y un derecho para impetrar? Aprende, tú que juzgas, a perdonar; aprende, tú que estás enfermo, a implorar. Si no esperas el perdón de faltas graves, recurre a los intercesores, recurre a la Iglesia, que ora por ti, y, en atención a ella, el señor te otorgará lo que Él ha podido negar.
Y aunque nunca debemos descuidar la realidad histórica y creer que el cuerpo de este paralítico ha sido curado verdaderamente, reconoce, sin embargo, la curación del hombre interior, a quien han sido perdonados sus pecados. Afirmando que sólo el Señor puede perdonarlos, los judíos confesaron vigorosamente su divinidad, y su juicio traiciona su mala fe, puesto que exaltan la obra y niegan la persona Más aún, el Hijo de Dios les ha exigido el testimonio sobre sus obras, sin pedir la adhesión a sus palabras; pues la mala fe puede admitir, mas no creer; luego no falta el testimonio a la divinidad, mas sí la fe para la salvación. Pues es más válido para la fe que se den testimonios involuntariamente, y es una falta más perniciosa negar una cosa cuando se está convencido de ella por sus propias afirmaciones. Es, pues, gran locura que este pueblo infiel, habiendo conocido que sólo Dios puede perdonar los pecados, no crea en El cuando perdona los pecados. En cuanto al Señor, que quiere salvar a los pecadores, El demuestra su divinidad por su conocimiento de las cosas ocultas y por sus acciones prodigiosas; añadió: “¿Qué es más fácil: Decir que tus pecados han sido perdonados, o decir: Levántate y anda?”.
En este lugar hace ver una imagen completa de la resurrección, puesto que, sanando las heridas del alma y del cuerpo, perdona los pecados del alma y ahuyenta la enfermedad del cuerpo, lo cual quiere decir que todo el hombre ha sido curado. Aunque es grande perdonar los pecados a los hombres — ¿quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios, el cual los perdona también por aquellos a los que ha dado la potestad de perdonarlos?—, sin embargo, es mucho más divino resucitar los cuerpos, siendo el mismo Señor la resurrección.
Este lecho que se manda transportar, ¿qué otra cosa significa sino que se manda levantar el cuerpo humano? Es ese lecho que David lava cada noche, como leemos: “Todas las noches inundo mi lecho, y con mis lágrimas humedezco mi estrado” (Ps 6,7). Este es el lecho del sufrimiento donde yacía nuestra alma, víctima de los graves tormentos de su conciencia. Más cuando se conduce según los preceptos de Cristo, no es un lecho de sufrimiento, sino de reposo. La misericordia del Señor ha cambiado en reposo lo que era muerte: es El quien ha cambiado para nosotros el sueño de la muerte en gracia de delicias.
Y no sólo ha recibido la orden de transportar su lecho, sino también de llevarlo a su casa, es decir, de retornar al paraíso; pues es la verdadera casa, la primera que acogió al hombre; y que fue perdida no por derecho, sino por fraude. Con razón se restituye la casa a la venida de Aquel que debía desatar los nudos del fraude y restaurar el derecho.
No media ningún intervalo antes de la curación: en el mismo instante de las palabras se tiene la curación. Los incrédulos lo ven levantarse, se admiran de su salida, y desean más temer las maravillas de Dios que creer; pues, si ellos hubieran creído, no hubieran temido, sino amado; pues “el amor perfecto excluye todo temor” (1Io 4,18). Entonces éstos, que no amaban, calumniaban. A estos calumniadores les dice: “¿Por qué pensáis mal en vuestro corazón?” ¿Quién habla así? El Sumo Sacerdote. El veía la lepra en el corazón de los judíos; muestra que son peores que los leprosos. Aquél, una vez purificado, recibió la orden de presentarse ante el sacerdote; éstos son repudiados por el sacerdote, no sea que con su lepra contagien a otros.
(Tratado sobre el Evangelio de San Lucas (I), BAC Madrid 1966, pp. 234-237)
miércoles, 15 de febrero de 2012
EL SANTO PADRE EN EL SEMINARIO MAYOR DE ROMA