







Se ha llevado a cabo el dia de hoy la Beatificación de Juan Pablo II, se esperaba este momento. Los medios de información han resumido la jornada del dia de hoy como un gran dia de agradecimiento. No es menos.
En mi experiencia personal les comparto que he vivido una jornada única de fe. La celebración fué emotiva y solemnisima: como debe ser toda celebración. He visto lo que la gente de fe es capaz de hacer y soportar por manifestarla públicamente. Desde la vigilia de ayer en el Coliseo mucha gente se quedó a esperar durmiendo en las calles de la ciudad, y muchos en la misma plaza de San Pedro. Muchos luego, deseando al menos entrar en la plaza de san Pedro (que es enorme), se ha contentado con ver la celebración y seguirla desde las pantallas, las cuales no fueron suficientes. En fin, extraordinaria.
Mientras se desarrollaba la celebración, el momento mas emotivo fue la proclamación publica de la Beatificación de Juan Pablo II: gritos de júbilo y aplausos imparables. En la homilía, nuestro Papa ha resumido la vida heroica del nuevo Beato, que todos al menos conocemos. He podido distribuir la Sagrada Comunión y esto me permitió venerar desde el inicio de la celebración los restos del Beato, ubicado frente al altar de la Basilica. Les comparto que el momento de la proclamación comencé a derramar lagrimas de alegria. Le pasó lo mismo a los que estaban a mi alrededor (P. Tulio). Me he unido al Santo Padre quien elevó una bonita y novedosa oración al Beato Juan Pablo II al final de la homilia. Como les prometí en la pagina anterior, tuve a tantos de ustedes en mi corazón y he pedido al Beato Juan Pablo que ahora nos asista con mas seguridad muy cercano a Dios Padre, La Santisima Trinidad por todos nosotros que luchamos por alcanzar tamben este premio.
El siguiente texto es un estracto de la homilia del Santo Padre en la Misa celebrada hoy.
": abrió a Cristo la sociedad, la cultura, los sistemas políticos y económicos, invirtiendo con la fuerza de un gigante, fuerza que le venía de Dios, una tendencia que podía parecer irreversible. Con su testimonio de fe, de amor y de valor apostólico, acompañado de una gran humanidad, este hijo ejemplar de la Nación polaca ayudó a los cristianos de todo el mundo a no tener miedo de llamarse cristianos, de pertenecer a la Iglesia, de hablar del Evangelio. En una palabra: ayudó a no tener miedo de la verdad, porque la verdad es garantía de libertad. Más en síntesis todavía: nos devolvió la fuerza de creer en Cristo, porque Cristo es Redemptor hominis, Redentor del hombre: el tema de su primera Encíclica e hilo conductor de todas las demás."
"Me dirijo finalmente a vosotros, queridos hermanos en el ministerio sacerdotal. El Jueves Santo es nuestro día de un modo particular. En la hora de la Última Cena el Señor ha instituido el sacerdocio de la Nueva Alianza. "Santifícalos en la verdad" (Jn 17, 17), ha pedido al Padre para los Apóstoles y para los sacerdotes de todos los tiempos. Con enorme gratitud por la vocación y con humildad por nuestras insuficiencias, dirijamos en esta hora nuestro "sí" a la llamada del Señor: Sí, quiero unirme íntimamente al Señor Jesús, renunciando a mí mismo… impulsado por el amor de Cristo. Amén

Jesús que encuentra a Pedro, Santiago y Juan, durmiendo:
"Es un mensaje permanente para todos los tiempos, porque la somnolencia de los discípulos no era solo el problema de aquel momento, sino que es el problema de toda la historia. La cuestión es en qué consiste esta somnolencia, en qué consistiría la vigilancia a la que el Señor nos invita. Diría que la somnolencia de los discípulos a lo largo de la historia es una cierta insensibilidad del alma hacia el poder del mal, una insensibilidad hacia todo el mal del mundo. Nosotros no queremos dejarnos turbar demasiado por estas cosas, queremos olvidarlas: pensamos que quizás no será tan grave, y olvidamos. Y no es sólo la insensibilidad hacia el mal, mientras deberíamos velar para hacer el bien, para luchar por la fuerza del bien. Es insensibilidad hacia Dios: esta es nuestra verdadera somnolencia; esta insensibilidad hacia la presencia de Dios que nos hace insensibles también hacia el mal. No escuchamos a Dios – nos molestaría – y así no escuchamos, naturalmente, tampoco la fuerza del mal, y nos quedamos en el camino de nuestra comodidad. La adoración nocturna del Jueves Santo, el estar vigilantes con el Señor, debería ser precisamente el momento de hacernos reflexionar sobre la somnolencia de los discípulos, de los defensores de Jesús, de los apóstoles, de nosotros, que no vemos, no queremos ver toda la fuerza del mal, y que no queremos entrar en su pasión por el bien, por la presencia de Dios en el mundo, por el amor al prójimo y a Dios.
Un ulterior elemento de esta oración me parece importante. Los tres testigos han conservado – como aparece en la Sagrada Escritura – la palabra hebrea o aramea con la que el Señor habló al Padre, le llamó: "Abbà", padre. Pero esta fórmula, "Abbà", es una forma familiar del término padre, una forma que se usa sólo en la familia, que nunca se ha usado hacia Dios. Aquí vemos en la intimidad de Jesús cómo habla en familia, habla verdaderamente como Hijo con su Padre. Vemos el misterio trinitario: el Hijo que habla con el Padre y redime a la humanidad." (Cf. Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI, miércoles 20 de abril 2011, Plaza de San Pedro, Roma)


Inscriptio proximi Beati in Calendariis particularibus
Disponitur, insuper, ut celebratio Beati Ioannis Pauli ii, papae, in Calendario proprio Dioecesis Romanae seu Almae Urbis atque omnium Dioecesium Poloniae die 22 octobris gradu memoriae quotannis peragenda inscribatur.
Quoad textus liturgicos, uti proprii conceduntur oratio collecta et lectio altera pro Officio lectionum Liturgiae Horarum cum responsorio, prout in adnexu exstant exemplari. Alii textus de Communi pastorum: pro papa, sumuntur.
Inscripción del nuevo Beato en los Calendarios particulares
Se dispone que en el calendario propio de la diócesis de Roma y de las diócesis de Polonia, la celebración del Beato Juan Pablo II, papa, se inscriba el 22 de octubre, y se celebre cada año como memoria.
Sobre los textos litúrgicos se conceden como propios la oración colecta y la segunda lectura del Oficio de Lectura, con el correspondiente responsorio (ver anexo). Los demás textos se toman del Común de los pastores, para un papa.